Las horas de comida son una fuente común de preocupación. Muchos niños autistas comen una variedad muy limitada de alimentos, reaccionan fuertemente a ciertas texturas u olores, o encuentran abrumadora toda la experiencia sensorial de comer. Esto es más que ser “quisquilloso”, y no se trata de fuerza de voluntad ni de mala conducta.
Por qué sucede. La comida es intensamente sensorial: textura, temperatura, olor, color, incluso el sonido de un crujido. Para un niño con sensibilidades sensoriales, un alimento nuevo puede sentirse genuinamente alarmante. La rutina y la previsibilidad también importan: la misma comida, preparada de la misma manera, se siente segura.
Cuándo buscar apoyo. Cierta selectividad es típica. Pero hable con su pediatra si su hijo come muy pocos alimentos, está perdiendo peso o le faltan nutrientes, tiene arcadas o se atraganta con frecuencia, o si las comidas se han vuelto angustiantes para toda la familia. La alimentación puede involucrar componentes médicos, motores-orales y conductuales, así que un enfoque de equipo (pediatra, a veces un terapeuta ocupacional o especialista en alimentación, y su BCBA) suele funcionar mejor.
Estrategias de apoyo que respetan a su hijo:
En Animate, las metas de alimentación siempre se abordan con suavidad y en colaboración — nunca empujando al niño más allá de sus límites. Si las comidas son difíciles en su hogar, no está solo, y existe un camino de apoyo hacia adelante.